Dichos y silencio

Por Carlos A. Solero
Recientemente diversos organismos de la ONU difundieron por las agencias informativas con exultante entusiasmo que había disminuido la cifra de personas que padecen hambre en el mundo.
La FAO con sede en Roma y otros programas dedicados a la cuestión alimentaria y sanitaria destacaron que los logros en esa materia eran alentadores.
Sin embargo, hay aún 800.000.000. Sí, ochocientos millones de seres humanos subalimentados ubicados principalmente en la zona del África Subsahariana. Como es público y notorio, una región asolada por guerras interétnicas o camufladas como conflictos entre sectas religiosas.

Estas carnicerías son propiciadas por EEUU, la Federación Rusa, China y países miembros de la Unión Europea, que son los proveedores de armamentos de aniquilación masiva: aviones, misiles, etc.
La industria armamentista es el sostén de la prosperidad de múltiples empresas y Estados en el Planeta Tierra, entre otros Francia, Suiza, España y por supuesto Estados Unidos de Norteamérica.

Si bien la ONU reconoce que las circunstancias bélicas propician la persistencia de las hambrunas y la aparición de epidemias y pandemias por los desplazamientos forzados de población, generados por diversos ataques y la imposibilidad de acceso a una agricultura sustentable, están silenciando las cuestiones principales: decir con claridad quiénes son los responsables directos de la situación de pobreza y miseria material y moral crónica.
Dicho en otras palabras, omiten señalar que los miembros del llamado Consejo de Seguridad avalan, con sus acciones, incursiones en territorios que van diezmando poblaciones; por caso Irak, pero también Sudán, Libia y otros tantos.
El sistema del capital mercancía genera fuerzas productivas y a la vez las destruye desde hace décadas.

Franz Fanon fue el autor de un libro de lectura indispensable para comprender el mundo contemporáneo, “Los condenados de la tierra”, publicado en 1961. En su prólogo a esta obra sociológica trascendente, Jean Paul Sartre explicaba las raíces de las injusticias sociales. Transcurrido más de medio siglo, las situaciones de miseria y violencia institucional allí descriptas persisten al igual que los dichos de los jerarcas globales y sus sórdidos silencios.

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